domingo, 21 de septiembre de 2014

Requiem por un Ser Querido


Junio 24/12

Hoy me siento un poco más tranquila y he decidido escribirte. Hace tres semanas que físicamente nos dejaste porque es la ley de la vida,  ese es el único camino del que nadie puede escapar, desde entonces te recuerdo intensamente, desde los primeros detalles cuando era niña y estudiaba en tu escuelita, donde  mi abuelito y mi padre me llevaban de la mano todos los días recorriendo las calles de mi infancia y de mi tierra,  donde me enseñaste muchas cosas. Recuerdo que eras fuerte de carácter, pero hoy comprendo que eso te ayudó a enfrentar estoicamente tu dura enfermedad.

Luego crecí y siempre estuviste ahí , ocupando  ese espacio  especial  después de mi madre,  tú fuiste mi confidente, mi amiga,  me gustaba mucho hablar contigo, recuerdo  nuestras largas conversaciones,  no sólo eran sobre la cotidianidad de la vida, tenían  gran contendido, eran profundas,  sólo contigo podía mantenerlas,  recuerdo que el tiempo era nuestro peor enemigo. Pasaron los años y partí cuando me convertí en adulta, y  cuando di ese paso no sabía bien cuanto me costaría,  sólo pude darme cuenta  cuando empecé a vivirlo.
Siempre supe que esta idea de dejar mi tierra nunca te agradó mucho, pero me fui.........y en  mis reiterados regresos, siempre me esperabas en el aeropuerto, hasta que enfermaste.

Conversábamos largas horas  junto con mi madre  cuando yo iba,  eran largas horas de risas y de recuerdos, tengo presente tus gestos, tus palabras, tus consejos, tus teorías,  tu sabiduría que atesoraste en todos tus años vividos.
Siempre fuiste una maestra por vocación  y hoy más que nunca comprobé que hasta el último día nos enseñaste a todos, cómo pudiste sobrellevar tú larga,  penosa  y sorpresiva enfermedad.

Recuerdo que en el 2010 cuando regresé ya no te encontré como siempre en el aeropuerto,  yo te fui a ver al hospital, estabas en terapia intensiva,  ya estabas enferma e insólitamente fui la primera en saber que estabas destinada a morir por una penosa enfermedad.

Cómo decírtelo? Como matar tu sueño de vivir, amabas la vida, poco te quejabas de ella, nunca lo hacías públicamente, jamás demostrabas que estabas en desajustes económicos, recuerdo que tu decías que no se debía decir lo mal que uno podía estar,  por eso y por muchas otras razones decidimos callar,  únicamente tenías la  opción de   vivir tus últimos días con calidad. Entonces decidí cuidar de ti,  sabía que yo era la indicada y que fui la elegida en tus primeros días de  enfermedad   y me dediqué en cuerpo y alma para hacerlo y lo hice con mucha satisfacción porque eras mi tía querida,  pero sólo por escasos 15 días debido a que tenía que regresar, retorné satisfactoriamente después de 7 meses,  aún te encontré viva a mi regreso. 

Por tu conversación intuí  que tú ya habías entendido tu enfermedad,  pero no la mencionabas y así demostraste una valentía inimaginable, demostraste tu coraje soportando tu enfermedad muchas veces sola, sola con tus pensamientos, preguntas sin respuestas, fuiste perdiendo tus más elementales habilidades, ya no podías comer, ya no podías hablar, solo contemplabas la vida en silencio y con tus ojos humedecidos podías transmitirnos cuanto deseabas  seguir viviendo. Desde ese momento nos enseñaste que debemos de ponerle una postura firme a la vida, tuviste coraje para enfrentar tu dolor, tus miedos, tu irresistible soledad, sólo te acompañaron tus hermanos, y muy pocas personas que realmente te quisieron, hoy todo lo que atesoraste se quedó sin ti, eso me demuestra que nos consumimos tanto por las cosas innecesarias, pero que cuando partimos todo aquello se queda y nos convertimos en un pedazo de carne que colocan en una fría caja para luego ser depositada en un hueco.

Recuerdo que me decías que era una escritora en potencia y que era tu sobrina más querida hoy es todo lo que guardo de ti, además de tus cartas, tus tarjetas que me enviaste en todo este tiempo de lejanía, también tengo en mi casa recuerdos tuyos y las fotos nuestras que guardaste  a lo largo de los años.
Yo te recuerdo viva, te siento viva, te veo viva, te sueño, recuerdo tu risa, tus gestos, tus palabras, no olvido tu sonrisa mi tía querida,  tu voz clara cuando me llamabas “Orlandita” y cuando partía de  mi tierra siempre me decías  “Hasta pronto”.

Curiosamente la última semana antes de que partieras recuerdo estuve muy triste, recordándote, presentía algo,  el jueves antes de que fallecieras te llamé y le dije a la señora que te cuidaba que te ponga el teléfono al oído,  ya que no podías hablar, solo escuchabas ,  recuerdo mis últimas palabras para ti  “Chela soy Orlanda tu sobrina , deseo que estés bien y quiero decirte que te quiero mucho, cuídate y me despedí diciéndote, “Hasta pronto”, pero nunca pude recibir respuesta.

Lamento no haber estado contigo cuando partiste,  te fuiste sola, nadie de tu sangre lastimosamente pudo llegar a tiempo, pero donde quieras que estés lleva siempre el consuelo que se te quiso mucho. Hoy sé que estas reunida con mi abuelito con mis otros tíos que nos están esperando, sé que estas feliz,  que por fin saliste de ese estado que no merecías vivirlo,  por eso muchos pedimos que partieras para que por fin pudieses descansar en paz,  al lado de los que hoy sé que en el cielo estarán felices de estar a tu lado.

Tu siempre me despedías diciéndome “Hasta pronto” nunca olvidaré esas palabras mi tía querida,  estoy convencida que nunca lo dejaré de hacer, nos volveremos a encontrar algún día, te recuerdo siempre.

“Hasta pronto”

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